De pequeño en la escuela recuerdo que cada vez que se celebraba una actividad festiva del día de las madres o del padre me sentía fuera de lugar, al punto de que recuerdo haber bloqueado de por sí cualquier sentimiento que pudiera tener alguna relación con el tema; sin embargo, recuerdo la felicidad y dicha que veía en muchos de mis compañeros de escuela con dichas actividades.
Siento que se me fue enseñado de forma involuntaria el sentir desapego hacia estas dos figuras tan importantes en el desarrollo de un niño; y no porque no los tuviera, sino porque por su decisión propia le dieron a sus trabajos "prioridad" por encima de criar a un niño. Lo cierto es, que a medida que uno va creciendo va copiando estos patrones y los hace repetitivos. Recuerdo que años mas tarde cuando me tocó ser papá, me enfoqué tanto en el crecimiento económico, en eso de buscar riqueza, de pensar que el dinero me compraría la felicidad (no estaba mas lejos de la realidad), que en ese afán fui perdiendo familia, amigos y lo más importante ¡mis hijos!.
Fue en esa etapa de mi vida donde me dí cuenta de que no estaba siendo felíz, de que estaba sacrificandolo todo por nada. Entonces llegan esos momentos de la vida donde toca tomar una decisión y la mía fue por ellos (mis hijos), porque vale la pena cada abrazo y cada tierna caricia que ellos están dispuestos a regalar solo por amor y por sentirnos allí para ellos.
Aprendí que cada momento con nuestros hijos cuenta, desde dejarte hacer crinejitas por tu niña, hasta los juegos de futbol y las peleas de karate con los varones. Descubrí que me llenaba muchísimo estar a su lado un fin de semana en lugar de salir de juerga con los amigos. No olvidaré las palabras del pediatra cuando me decía que aprovechara los primeros 12 años de vida de mis hijos, pues ya en la adolescencia querran estar con sus amigos y no conmigo, entonces le hice caso y me dediqué de lleno a esta actividad tan satisfactoria.
Hoy me siento agradecido de haber tomado la decisión de estar en cada momento importante de sus vidas puesto que me ha hecho sentir de que el amor vale la pena, de que no importan las dificultades todo se puede superar si se está unido a la familia. Y ellos son mi familia!
La sociedad nos ha enseñado que el papá es el proveedor, pero yo creo que el papá va mas allá de lo economico, si queremos hijos mentalmente sanos nosotros debemos estar allí en su formación, jugando, compartiendo, diciendo el chiste en la cena y tambien reprendiendo y corrigiendo. Dejemos de ser padres de a ratico y tomemos el compromiso de ser papás de momentos inolvidables, porque al final eso es lo que cuenta. Nuestros hijos van a valorar más esos ratos de amor y compañía que todos los juguetes que podamos darles, pues siento que si un juguete no lleva incluido el juego en conjunto con el niño, termina siendo un objeto que está allí solo para distraer.

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